El 19 de noviembre volvimos a El Tablero, el programa de actualidad política dirigido por la gran Laura Arroyo. Fue un placer compartir mesa con Blanca Ibarra (PSOE), Víctor Egío (Podemos) y mi querida Josefina Martínez (Izquierda Diario). También intervinieron Chema Garrido (Director El Plural), Juan Antonio Delgado (Podemos), Bárbara Bécares (No Name Kitchen) y Olga Rodríguez (Periodista Internacional), que estuvo soberbia.

Os dejo un corte sobre el último escándalo del Partido Popular en Almería. El 18 de noviembre eran detenidos el presidente de la diputación de Almería, Javier Aureliano García, el vicepresidente, Fernando Giménez, y el alcalde de la localidad almeriense de Fines, Rodrigo Sánchez y también su hijo. Todos miembros del Partido Popular. Existen evidencias de la comisión de delitos de cohecho, malversación de caudales públicos y blanqueo de capitales. Todo tiene que ver con un contrato de mascarillas por la vía de urgencia en 2020. Hablamos de más de 2 millones de euros, de los cuales diversos políticos y personas de su entorno se habrían «cobrado» enormes mordidas. Aprovecharon para lucrarse justo cuando la gente de este país lo estaba pasando peor. En fin, el PP más que un partido es una trama corrupta.

En cuanto a la corrupción a dos bandas, pues el PSOE tiene lo suyo con el caso Cerdán-Koldo-Ábalos, esta no puede generar sino desafección política. Las corruptelas del bipartidismo no harán más que incrementar la antipolítica o favorecerán a la extrema derecha en el contexto actual. Por otro lado, la corrupción nunca golpea igual a la izquierda que a la derecha -a la primera le penaliza, a la segunda muchísimo menos-. En este sentido, es probable que este caso en Almería no pase tanta factura a Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía. La derecha tiene una alta tolerancia a la corrupción. Sin embargo, el caso de los cribados puede hacer temblar su gobierno. Entre otras cosas porque este último caso, tremendamente vergonzoso y terrible, está acompañado ya no de mera indignación moral, sino de indignación política: de movilizaciones. Y el pueblo movilizado es quien marca siempre la diferencia.

Aquí podéis ver el programa completo:

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