El 3 de febrero volvimos a El Tablero, el programa de actualidad política dirigido por la gran Laura Arroyo. Fue un placer compartir mesa con Isa Serra, Loreto Ochando y Daniel Galvalizi.

Uno de los temas en los que se centró nuestra discusión fue el encuentro en la Casa Blanca entre Gustavo Petro, presidente de Colombia, y el omnipresente Donald Trump. Tras un año de escalada política entre Trump y Petro, en el que el presidente de Estados Unidos llegó a llamar «líder del narcotráfico» al presidente colombiano, una llamada de Petro en enero y el sorprendente tono amable de Trump parecen haber reconducido las relaciones bilaterales -más que tensas- a un cauce diplomático aparentemente sosegado. Irónicamente, Trump dijo que Petro se volvió amable tras la intervención en Venezuela, una ataque ilegal que culminó con el secuestro -hacía ya un mes- del presidente venezolano Nicolás Maduro.

El encuentro no fue del todo fácil, y Petro no consiguió acuerdos importantes. Pero me gustaría recordar que él ha sido de los pocos presidentes que no se ha comportado como un vasallo con Trump y le ha marcado límites -tanto que Trump llegó a retirarle el visado-. Si lo comparamos con Europa, el comportamiento reverencial de los mandatarios de la UE es vergonzoso. Más allá de estas cuestiones, la sensación que da es que Petro fue pragmático y trató de evitar cualquier injerencia de Estados Unidos en las futuras elecciones colombianas. Por otro lado, los modelos de gobierno de ambos presidentes son una verdadera antítesis: frente a la búsqueda del bienestar social, la transición energética, el antibelicismo, la apuesta por el multilateralismo, el apoyo a Palestina y un modelo de desarrollo económico que busca reducir el impacto ambiental por parte de Petro, el unilateralismo de Trump, su vis imperial, su militarismo violento y su modelo de desarrollo fósil y contaminante.

Lo cierto es que para ejecutar su «doctrina Donroe» Trump necesita a Colombia, un socio comercial fundamental y un enclave geoestratégico en el Caribe por sus recursos y la lucha contra la droga. ¿Cuánto se tensará la cuerda? Eso sí, la cartas están marcadas. A nadie se le olvida el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, ni tampoco lo que ha sucedido en Venezuela. Parece el enfrentamiento entre un valiente David que lucha por su pueblo y un Goliath fascista.

Aquí podéis ver el programa completo:

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