No me busques
en los lugares que te hablan de mis manos
o en la viveza de caricias otoñales
lentamente derramadas y atesoradas en invierno
pues no moro más allí
rezagado en la memoria.
No me busques en la casa
en los rincones familiares
ni siquiera en el vaho de las ventanas
o en las orillas del río
porque no estoy allí, entre las hojas,
ni tampoco en el ángulo ciego de los párpados.
No persigas mi nombre
cuando el mediodía divida la mañana
y los pájaros acudan en bandadas
hacia las sombras frescas de sauces y naranjos
porque no habrá metáforas, figuras ni siluetas
que puedan contener quién sabe qué latido.
No pierdas el tiempo en la nostalgia
en el barro tardío, en las soledades heridas
porque la vida reclama un tributo
más alto que la muerte –es ese su secreto–
así que no me busques allí
en los álbumes gastados del alma.
No recuerdes los ritos
que bebieron de nuestra boca
y deshicieron la miga generosa
del pan de cada día
porque no estoy ya ni en el primer
ni en el último bocado.
No me llames de noche
cuando acechen los fantasmas
y el sueño se convierta en un viejo dedal
oxidado y estrecho
me harté de las pesadillas y los remordimientos
y abandoné aquel páramo hace siglos.
No repares en mis huellas
aunque a veces parezcan un camino
pues la inquietud de sus pasos
nunca pudo conjurar el tiempo
así que no te dejes embaucar
por una loca historia de vaivenes.
No me busques allí –digo–
pero yo quiero que me encuentres
tal vez no ahora, pero quizá algún día
sin buscarme
en las arrugas de una comisura
en la raíz ligera de la que brota tu sonrisa.
Como el ave de paso que, al final,
permaneció contigo para siempre.
Mario Espinoza Pino
hacía tiempo ke no sentía tanta conexión con un poema, se lo voy a compartir a mi hermana ke seguro le encantará, nosotras sabemos por ké. Mil gracias por expresarlo tan bonito
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hacía mucho ke no sentia tanta conexión con un poema, se la voy a compartir a mi hermana, nosotras sabemos por ké. Y gracias por expresarlo tan bonito
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