En memoria de Carlos Carvajal

Claro que sos mi camarada
porque sos más, siempre sos más.
Hay la ruta en común, el horizonte
dibujado con lápiz de esperanza,
hay la amargura del fracaso
a la hora en que los hornos no se encienden
y hay que palear de nuevo el carbón del mañana.

Julio Cortázar

Querido Carlos,

Ayer nos quedamos helados con tu partida. No nos la esperábamos. Ni tu familia ni tus amigas ni tus amigos. Y ahora de repente ya no estás. Y uno no sabe muy bien qué coño hacer. Después de tu partida todo se ha vuelto tremendamente extraño. Sobre todo Ciempozuelos. Porque ¿Qué va a ser de las calles del pueblo sin ti? ¿Qué sentido va a tener ahora pasear por la Plaza de la Constitución -donde anduvimos de asamblea en asamblea- sin la posibilidad de encontrarse contigo? ¿Sin tu voz grave y tu socarronería habituales? No sabes lo difícil que me resulta pensar en nuestro pueblo sin ti. Es como si a todo le faltara algo -le faltas tú, claro-.

Nunca pude decírtelo, me daba vergüenza, pero siempre me pareciste una especie de súper héroe. Dibujante, fotógrafo y siempre creativo, tenías una imaginación desbordante -solo equiparable a tu mala leche, por la cuál también te queríamos, dicho sea de paso-. Aún recuerdo la primera vez que fui a tu antigua tienda a revelar un carrete de fotos, esa reliquia de otros tiempos. Debía tener quince años y había leído algunas viñetas con chistes tuyos, se movían bastante por el pueblo. En aquel momento me sentí como quien conoce a una estrella de rock y hasta me daba respeto mirarte a los ojos. Mientras tanto tú te movías de un lado a otro de la tienda con tu «Vehículo de tracción animal» -léase silla de ruedas- apurando un cigarro. Me dijiste algo como «vaya movidas fotografías, chico» y sonreíste burlonamente tras tu espesa barba.

En aquella época no sabía que nos convertiríamos en amigos y camaradas. Pero así fue. Los años pasaron y no dejamos vernos en el Bar La Calle innumerables veces. Allí estabas, todavía te veo, tomando algo y charlando animadamente mientras sonaba la música -siempre Rock-. Y es que las conversaciones se convertían en algo mucho más interesante y disruptivo cuando participabas. Sobre todo cuando sacabas a relucir tu ironía para meterte con alguno de los personajes de la política patria o la realeza. Entonces tus palabras se transformaban en un cóctel molotov que lo incendiaba todo. Cómo no íbamos a admirarte los chavales de mi generación, si destilabas enormes cantidades de mala hostia, arte e inteligencia (¡Y a partes iguales!).

El 15 de mayo de 2011 nos unió mucho más. Cómo olvidarlo, si lo pusimos todo patas arriba. Okupamos la Plaza de la Constitución de Ciempo (luego okuparíamos más cosas) y volvimos allí a reunirnos durante mucho tiempo -semanas, meses, años-. Fue a partir de ahí que pude conocer de manera más próxima al que había sido uno de mis héroes de adolescencia. A partir de aquel momento compartimos el pan y la sal, como quien dice. Pero también muchas jornadas de asamblea, grupos de trabajo, carteles, pasquines, centros sociales y agitación. Por no hablar de manifestaciones. Ahora pienso en esos días y no sé cómo dábamos abasto. Recuerdo también nuestro pasacalles reivindicativo del 15M, porque también intentamos okupar unas fiestas de Ciempozuelos con algo de justicia social.

[Foto de Kiko Sánchez Arenas]

Cuando invoco ahora todos esos momentos junto a Juan Pedro, Nati, Hékate, Marcelo, Inma, Jaco, Lydia, Mariel, Lute y tantos otros y otras que pasamos por el 15M (y lo que vino después), aparece tu imagen más nítida: tu barba, tu sombrero decorado con plumas, tus guantes para moverte a velocidad en la silla, la fuerza que tenías en los brazos -alguna hostia me llevé bromeando contigo-, el talento y ese gran humor que rayaba en el desacato a la autoridad. Cuánto nos has dado con tu amistad, querido Carlos. Creo que ni tú mismo sabías lo que nos regalabas con tu presencia. Como decía el viejo Bertolt Brecht, eras uno de los imprescindibles. De esos que luchan toda la vida y contagian su genio a quienes tienen cerca. Todas y todos te queríamos y te admirábamos.

Para terminar, decirte que nunca me olvidaré de aquellas manifestaciones del 25 de septiembre de 2012, Rodea el Congreso -queríamos más democracia, más justicia, más poder para el pueblo-. Menuda se lio durante aquellas jornadas. Recuerdo que salimos a la calle ese día y también el 26 y 29 de septiembre a protestar por la represión -se cebaron bien con nosotros-. Pues bien, alguien decidió retratarte allí, sin miedo, únicamente pertrechado de tu silla y un cencerro haciendo frente a toda la policía. Esa fotografía refleja muy bien quién eras y quién ha sido para todos nosotros: alguien excepcional.

Cómo te vamos a echar de menos. Hasta luego, camarada. Hasta luego, Carlos. Nos debemos unas cervezas. Ya tendremos tiempo.

Mario Espinoza Pino

Deja un comentario

Trending

Descubre más desde Reflexiones & Sediciones

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo